INTRODUCCIÓN
El esplendor de la verdad brilla en todas las obras del Creador y, de modo particular, en el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios[1], pues la verdad ilumina la inteligencia y modela la libertad del hombre, que de esta manera es ayudado a conocer y amar al Señor. Por esto el salmista exclama: « ¡Alza sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor!»[2] [3]. Estas son las palabras con las que su santidad Juan Pablo II comienza la encíclica, la cual está considerada como uno de los documentos más importante que se publicó durante su Pontificado; posee una recta doctrina, y los principales temas que aborda son el liberalismo y a la capacidad humana de decisión autónoma para elaborar un juicio moral libre.
Juan Pablo II marca un fuerte encuentro entre verdad, libertad y conciencia como punto central de la encíclica. Sin reducir los derechos propios de la libertad y de la conciencia de cada individuo, la que predomina es la verdad justa. Así mismo, el Papa condena las doctrinas que impulsan a individuos o grupos sociales a decidir sobre el bien o el mal, como si cualquier opción fuera correcta. Es por eso que en esta encíclica se puntualiza tajantemente y con justa razón la primacía de la verdad sobre la libertad y no al revés como muchos piensan, puesto que la verdad no es una creación de la libertad, pues ya existe en sí misma. Y esta manera de pensar no es nueva, ya el evangelio de Juan lo marca La verdad os hará libres[4], como la verdad es la que libera al hombre, estamos obligados moralmente a buscar la verdad y no solamente encontrarla, sino habiéndola encontrado seguirla siendo obedientes a ésta.
CAPÍTULO I: Maestro, ¿qué he de hacer de bueno?[5]
Antes de comenzar a tratar los puntos yugulares de su estudio, el Papa comienza con el diálogo entre Jesús y el joven rico[6], este diálogo se extiende por todo el primer capítulo de su encíclica y le da fundamento a lo que quiere tratar. La pregunta Maestro ¿qué he de hacer de bueno?, la cual es el título de la encíclica, es una pregunta de pleno significado para la vida. En efecto, ésta es la aspiración central de toda decisión y de toda acción humana, la búsqueda secreta y el impulso íntimo que mueve la libertad[7]; esta pregunta nos recuerda nuestro primer llamado hacia el bien absoluto que es Dios, el cual por sí mismo nos atrae a sí con la vocación que Cristo nos otorgó y que es fundamento de la moral cristiana, una moral sin legalismos y gracias a esto la libertad personal madura gracias al que únicamente es bueno, Dios[8].
Gracias a una iniciativa gratuita del amor de Dios poseemos los diez mandamientos, los cuales son la primera etapa necesaria en el camino hacia la libertad[9], Jesús mismo los cumple por el amor que tiene por el Padre y el mismo dice que no ha venido a abolir la ley, sino a darle cumplimiento[10], por lo mismo dice la encíclica que hay que verlos como una senda, como un camino moral y espiritual de perfección. Jesús le pide al joven que lo siga al terminar su charla, seguirlo significaría configurarse con Él, cumplir lo mismo que el cumple pro gracia de Dios (La ley), seguir a Cristo es el fundamento esencial y original de la moral cristiana[11], es la dinámica particular del crecimiento de la libertad hacia su madurez y, al mismo tiempo, atestigua la relación fundamental de la libertad con la ley divina[12]. Como los discípulos, tal vez no comprendamos el obrar de Dios, pero llegará el momento en que el Espíritu Santo nos llevará a la verdad completa[13].
CAPITULO II: No os conforméis a la mentalidad de este mundo[14]
Éste capítulo da a conocer a la teología moral contemporánea y sus aportes al escenario actual. El Papa va desglosando las vivencias actuales y sobre todo hace hincapié en el concepto de dignidad y de libertad que tienen los hombres modernos, pues:
Los problemas humanos más debatidos y resueltos de manera diversa en la reflexión moral contemporánea se relacionan, aunque sea de modo distinto, con un problema crucial: la libertad del hombre”, a esto tenemos que agregar que “el sentido más profundo de la dignidad de la persona y de su unicidad, así como el respeto debido al camino de la conciencia, es ciertamente una adquisición positiva de la cultura moderna.
Lástima que esta conciencia de libertad se vea prostituida por varias corrientes de pensamiento actuales, las cuales la exaltan hasta considerarla un absoluto, por lo mismo la libertad es vista como la fuente de todo valor; se ha atribuido a la conciencia individual las prerrogativas de una instancia suprema del juicio moral, hasta llegar a una concepción radicalmente subjetiva del juicio mora[15].Pero ¿por qué se hacen estas afirmaciones erróneas? Porque el concepto de verdad está en crisis, se ha caído en una ética individualista en la que cada quien posee su verdad y cada verdad es distinta de la de los demás, cuántos hemos escuchado las frases: déjalo es lo que él piensa, es mi verdad, es mi forma de ver las cosas; frases son la antesala de la ética individualista y deficiente, aquella que permite el aborto, la eutanasia y muchos otros males modernos moralmente discutibles. Así es como se desarrollan los males modernos, poco a poco sin percibirlos, se hace de la libertad un libertinaje y la verdad cambia de absoluta a relativa. Éstos son problemas serios, pues las nuevas tendencias de la teología moral están siendo influidas por esas formas de pensar, quieren debilitar o incluso negar la dependencia de la libertad con respecto a la verdad[16]. A continuación desgloso algunos puntos esenciales de la moral implícitos en la Veritatis Splendor.
2.1. Derecho natural
Y es así como se va pasando de vicio en vicio, pues dada la problemática anterior entre verdad y libertad surge el conflicto entre la libertad y la ley, pues los teólogos modernos piensan que la sumisión a la ley natural[17] sería incompatible con su dignidad de la persona humana, pero no existe pugna alguna, pues:
El derecho natural corresponde a la persona. Es más, no solo corresponde, sino que confiere a la persona el puesto justo en el orden objetivo del mundo. Por tanto la pone en una relación particular con la fuente del derecho, en Dios. Con el derecho natural el hombre se hace aquel que posee la participación en Dios, en Su razón, en Su relación con otra realidad creada por Él[18].
Con esta citación de Mi visión del hombre queda clara la función que desempeña el derecho natural. Entonces se puede afirmar lo que dice la encíclica: Dios, que sólo Él es bueno, conoce perfectamente lo que es bueno para el hombre y en virtud de su mismo amor se lo propone en los mandamientos[19], y esto es a lo que manda la ley natural, al bien humano, convirtiendo así la ley divina en ley del hombre sin dejar de lado el albedrío dado por Dios. Las críticas a la ley natural y a la moral católica son muchas, por ejemplo tenemos el “biologisismo” con respecto a la ética sexual, los que la critican se apoyan en el contexto y la cultura, pero un acto inmoral que vaya en contra de la dignidad de la persona humana rebasa a la cultura y debe prevalecer la dignidad.
2.2. La conciencia
Sobre este término el papa afirma: El juicio de la conciencia es un juicio práctico, o sea, un juicio que ordena lo que el hombre debe hacer o no hacer, o bien, que valora un acto ya realizado por él. Es un juicio que aplica a una situación concreta la convicción racional de que se debe amar, hacer el bien y evitar el mal[20], es por eso que no aplicará normas universales, pues existen diversas personalidades en distintas situaciones. La conciencia actuará como testigo ante la cualidad moral de la persona y de sus actos, aplicando juicios de absolución o de condena: la autoridad de su voz y de sus juicios derivan de la verdad sobre el bien y sobre el mal moral, que está llamada a escuchar y expresar[21]. A pesar de lo anterior, la conciencia puede cometer errores, pero estos no serán contra la verdad objetiva; esta posibilidad del error de la conciencia invita al hombre a preocuparse por su formación. Referente a la verdad, la Iglesia propone el juicio libre a los fieles que no vaya en contra de la verdad, sino que la promueva.
2.3. La Elección Fundamental
En este apartado, el Papa dice que es una función clave en la vida moral de la persona, pues de esta depende la orientación que ésta haya dado a si vida tomando o dejando el aspecto trascendente. Es de mucha importancia destacar el siguiente punto:
La llamada opción fundamental, en la medida en que se diferencia de una intención genérica y, por ello, no determinada todavía en una forma vinculante de la libertad, se actúa siempre mediante elecciones conscientes y libres. Precisamente por esto, la opción fundamental es revocada cuando el hombre compromete su libertad en elecciones conscientes de sentido contrario, en materia moral grave[22].
Lo que quiere resaltar el Papa para los cristianos es que la opción fundamental debe de ser una elección de fe, enmarcada por elecciones particulares hacia actos concretos.
2.4. Actos humanos
Expone también el Papa una corriente nueva, el teleologismo, la cual pone al objeto de la moralidad en la intención sin importarle el objeto del acto; tomando en cuenta el consecuencialismo, el cual valora la intención según las consecuencias previsibles de la acción y el proporcionalismo, para mostrar la proporción de sus efectos buenos o malos. Juan Pablo menciona estos puntos para tocar el tema de los actos humanos y responder a estas corrientes diciendo que el obrar humano no puede ser valorado moralmente bueno… simplemente porque la intención del sujeto sea buena[23]; a raíz de esto da un concepto de actos humanos:
Los actos humanos son actos morales, porque expresan y deciden la bondad o malicia del hombre mismo que realiza esos actos. Éstos no producen sólo un cambio en el estado de cosas externas al hombre, sino que, en cuanto decisiones deliberadas, califican moralmente a la persona misma que los realiza y determinan su profunda fisonomía espiritual[24].
Puede hacerse un juicio moral de estos dependiendo el objeto elegido por la voluntad. De esta forma de concebirlos se desprenden los actos intrínsecamente malos y los buenos. Algunos actos son en sí mismos no ordenables al bien, por eso, para que un acto tenga finalidad buena es necesario querer el bien y rechazar el mal.
CAPITULO III: PARA NO DESVIRTUAR LA CRUZ DE CRISTO[25]
Este capítulo es una apología bien elaborada de lo que es el bien moral y resalta su valor dentro de la sociedad. El camino para conseguir el bien, no es fácil, tiene dificultades y la moral tiene exigencias radicales que comprometen la vida y preservan la dignidad. Así también la fe, que posee contenido moral, compromete la vida para que esta sea coherente a las exigencias cristianas. La Iglesia busca el amor de la persona, su bien y su libertad; lo que jamás buscaría adaptar las circunstancias, buenas o malas, a favor de particulares.
Hoy en día reina el relativismo moral, el cual hace lo que dije anteriormente[26], lo que puede vencerlo es una moral que reconoce normas válidas siempre y para todos, sin ninguna excepción, puede garantizar el fundamento ético de la convivencia social[27]. El mensaje evangélico se basta a sí mismo, pero las circunstancias actuales exigen no un cambio de preceptos, sino un cambio de métodos, exige una nueva evangelización que posea la propuesta moral.
El Sumo Pontífice termina la encíclica recordando al hombre un don que se le da de manera gratuita: la Esperanza, la cual siempre está abierta al hombre de parte de Dios por medio de su gracia, pero es necesaria también la libertad del hombre[28]. Así como Dios tiene puestos sus ojos en el hombre, también los tiene la Iglesia, gracias a la capacidad del bien que posee, la cual está muy por encima de la propensión al pecado. Es en la cruz de Jesús donde el pecador encuentra la gracia del perdón[29]. Sólo en el misterio de la Redención de Cristo están las posibilidades «concretas» del hombre[30].
CONCLUSIÓN
Lo que el Papa quiere que la sociedad actual entienda es que: lo mejor siempre es posible; a pesar de tantos vicios que ha acarreado la postmodernidad: el relativismo moral, las verdades subjetivas, el hedonismo, el egoísmo, el individualismo, el capitalismo salvaje, la globalización como monstruo que se come a las economías más débiles, la cultura de la muerte como alternativa de vida[31] a pesar de la corrupción, el crimen organizado que cada vez es más común y todos los males de nuestro tiempo que hacen que nuestra sociedad pida a gritos una renovación ética.
La propuesta eclesial no es utópica, si parece difícil de llevar, pero no es imposible, pues toda consecución de un bien exige renuncias a bienes menores en los cuales tenemos nuestras seguridades, o también porque no, renuncia a males que se han convertido en ocasión de vicio y que van en contra de nuestra dignidad, pero que los buscamos porque se nos presentan como bienes. Esas renuncias son la pena que se tiene que pagar para conseguir lo realmente bueno, lo perfecto; nadie dijo que el camino de la cruz de Jesús haya sido fácil. Es necesario abandonarse de sí mismo para darnos a Cristo, es necesario dejar entrar la gracia en nuestras vidas para ser renovados, es necesario sobre todo mantenernos en la suma verdad, Jesús mismo dice: yo soy el Camino la Verdad y la Vida[32], Jesucristo entonces es el camino de la Verdad, el cual se debe seguir; en este mismo orden de ideas hay que tener mucho en cuenta también lo que dice San Juan: La verdad os hará libres[33], esa verdad fundada en Cristo otorga una libertad responsable que solo busca el bien.
[1] Cf Gn 1, 26
[2] Sal 4, 7
[3] Juan Pablo II, Carta Enciclica: Veritatis Splendor, 1993, http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_06081993_veritatis-splendor_sp.html: VS
[4] Jn 8, 32
[5] Mt 19,16
[6] Mt 19, 16-22
[7] VS 7
[8] Cf. Mc 10, 18; Lc 18, 19
[9] VS 13
[10] Mt 5, 17-19
[11] VS 19
[12] VS 17
[13] Cf Jn 16, 13
[14] Rom 12, 2
[15] VS 32
[16] VS 34
[17] Concepto ampliamente tratado en la obra: Mi visión del hombre de Karol Józef Wojtyła a partir de la página 353.
[18]WOITYLA, Karol Józef, “Mi visión del hombre”, Ed5 PALABRA, Madrid 2005, p. 358
[19] VS 35
[20] VS 59
[21] VS 60
[22] VS 67
[23] VS 72
[24] VS 71
[25] 1 Cor 1, 17
[26] El adaptar las circunstancias a favor de particulares.
[27] VS
[28] Cf. VS 103
[29] cf. Jn 19, 34
[30] VS 103
[31] Cf. APARECIDA.
[32] CITA PENDIENTE
[33] Jn 8, 32